7 nov. 2017

Tony Karam

El proyecto de Casa Tibet México, se encuentra intrínsecamente ligado a la figura de Marco Antonio Karam. Enamorado de la cultura y civilización tibetana desde una muy temprana edad, decide dedicar su vida a la promoción y difusión de el rico legado espiritual, estético y filosófico del "Techo del mundo". Convencido de la importancia de complementar sus estudios académicos con una formación espiritual tradicional tibetana, ingresa al programa educativo del famoso monasterio tibetano de Ka Nying Shedrup Ling Gompa en el valle de Katmandú, Nepal, bajo la dirección de afamados lamas tibetanos tales como: Kyabgön Tulku, Urgen Rinpoché, Chökyi Nyima Rinpoche, Trangu Rinpoche, Löpon Tsechu Rinpoche y muchos otros

Después de una amplia formación académica en Tibet, Nepal y EEUU, durante la cual establece relación con algunos de los más prominentes Tibetólogos y Lamas de las diversas tradiciones del Budismo Tibetano, en 1988, bajo la sugerencia de Su Santidad el XIV Dalai Lama del Tibet y la Oficina del Tibet en Nueva York, funda la Casa del Tibet de México como parte de un proyecto internacional orientado a la promoción y defensa de la causa y cultura tibetana. Bajo la invitación de la Casa Tibet México y la Universidad Metropolitana, el Dalai Lama visita por vez primera a nuestro país en julio de 1989 para inaugurar la Casa Tibet México y participar en un foro internacional de prioridades globales.

Actualmente Marco Antonio Karam es considerado, como uno de los más importantes especialistas y divulgadores de la cultura y espiritualidad tibetana en el mundo hispano parlante.


En Busqueda de la Felicidad Genuina

  El progreso material es de muchas maneras provechoso y útil, pero debemos también progresar espiritualmente. Esto no quiere decir que uno se haga necesariamente budista, puede seguir otra religión o creencia, pero la clave es aumentar las cualidades humanas básicas. En todas las religiones el amor y la compasión son muy importantes. Todas las religiones enfatizan estas cualidades y debemos aumentarlas individualmente. Y al hacerlo lograremos la genuina felicidad.

No hay talento completo que no incluya la totalidad de las cualidades humanas básicas.
Para cultivarnos y desarrollarnos es importante un florecimiento psicológico perfecto; esa es la única fuente de la felicidad genuina

La contemplación y la meditación budista nos permiten incrementar nuestra felicidad durante las actividades cotidianas, lidiar con las dificultades en calma y con la reacción adecuada.
La felicidad genuina emana del fuero interno del individuo, de una actitud que trascienda incluso la inestabilidad de nuestro mundo